28 de diciembre de 2012

I believe in miracles

No tengo fotos del después pero este es el antes del tratamiento. Figurense.
Desde que tuve que autoadjudicarme la condición de periodista me empezaron a pasar cosas raras (y divertidas). Primero que nada, es en serio, me autoadjudiqué la condición (NO el título); cuando me presento ante desconocidos por una nota no me queda mucho más que decir: soy la periodista de tal medio. Cuando era más chica detestaba a toda esta gente que se otorga una profesión por el simple hecho de hacer algo. Hola, soy una de ellas.
Tener que asumir una profesión que no estudié es la parte rara, lo divertido es una simple consecuencia: regalitos y comida rica en eventos. Hace un par de meses me enteré de que el periodista recibe presentes siempre, muchas veces estos atentan con la ética profesional (por eso en varias ocasiones decido no aceptarlos, mi moral me obliga).
El tema es que hace poco más de un mes escribí una nota relacionada con salud y belleza para LNR, así que a mi  lista de mails de prensa se sumaron varias personas y agencias (otra cosa divertida que trajo esta nueva profesión es que mi casilla explota de mails de presentaciones, productos, invitaciones, etc etc etc etc), entre ellas una tal Mariana Blatman quien, para mi sorpresa, además de contactarme por Facebook no me mandó una gacetilla de prensa. En un inbox ni muy largo ni muy corto ella me invitaba a ir al Wella Studio a hacerme un tratamiento en el pelo. No tuve tiempo para dudar, respuesta corta, sí.
Un día antes de la cita, mientras me sacaba la pintura que dejó ese último siete en la libreta, noté el calamitoso estado de mi cabello y pensé que después de verme las puntas me iban a echar pidiéndome que por favor no vuelva más. Después de cuatro meses de encierro sin preocuparme por más que llevar las prendas terminadas el jueves a la facultad, imaginarán el estado de mis pobres ochenta centímetros de pelo. Casi un año después de mi último retoque cabellistico dejé que ellos se hagan cargo del monstruo capilar que engendré.
Después de unos instantes de vergüenza, dejé que Marcela Brutti, jefa del Wella Studio analizara mi pelo y me propusiera hacerme una Alquimia Personalizada de System Professional. No, no me quedé pelada, el nombre es un poco extravagante pero dicho en la lengua de los mortales: me hicieron una mascara especial con una infusión para resolver el temita de puntas florecidas y resecas. 
Tras lavarme la cabeza y embadurnarme en una crema con olor rico, me senté a esperar y tomar café mientras charlaba con la agradable Mariana. Cuarenta minutos más tarde ya sabíamos qué le gusta leer a cada una, cómo son nuestras familias y, gracias a mi intriga patológica, me enteré por qué me invitó a mi a pasar una mañana tan ideal y necesaria.
Cuando finalmente salí del aparato que aceleraba el proceso, me peinaron (hablo en plural porque fueron dos las chicas que me secaron el pelo) y tuve el enorme placer de ver que toda la pintura que me habían tirado la noche anterior y los meses sin tijera y con poco cuidado no me destruyeron la cabeza. Mi pelo además de estar suave estaba tan brillante como un espejo. LA alegría.
Me fui con una bolsita de productos Wella, para seguir el tratamiento, y mucho buen humor. El combo pelo sano + recibida me hizo el fin de semana.


10 de diciembre de 2012

La nueva estética masculina


Pocas cosas me ponen de mejor humor que el cambio y la evolución, si hablamos de Moda más aún. La última semana me dediqué a festejar que Riccardo Tisci, Director Creativo de Givenchy (sí, soy fan) fue elegido Diseñador del Año por GQ. Semejante nominación no es menor, más aún si tenemos en cuenta que, en este caso, lo importante no fue su labor en Alta Costura (pecaré de snob pero esas colecciones son una exquisitez, una fiesta para los sentidos), sino sus colecciones masculinas. Para todos los que hayan reaccionado con un "esta chica es una exagerada" tengo una bellísima justificación pensada: está bien, GQ no es el CFDA pero sí es una de las más importantes publicaciones de Moda y lifestyle masculino (sino la más importante), por otro lado ¿qué otros premios populares (porque estos trascienden un pequeño círculo) hay en Moda masculina? Ninguno.


Desde que este italiano se hizo cargo de la maison francesa la concepción de la marca dio un giro de 360º grados (me pareció que 180 era poco). Con él, el vestidito que Audrey Hepburn lucía en Breackfast at Tiffany's dejó de ser la protagonista y único referente, ahora los rotwailers y las faldas para hombre, los machos y la oscuridad romántica, la ropa de calle, comercial y lujosa son los destacados de Givenchy. Riccardo Tisci cambió el vestir masculino. Hacía falta que el sur de Italia, la sangre caliente de un inmigrante tierno y visionario, ascendiera a los más altos estratos del Diseño de Indumentaria para darle un giro realmente innovador al guardarropas de los hombres. 
Poder y estética masculina se cruzan con colores y tipologías típicamente femeninas. Pollera y rosa, flores, calzas, lila y verde agua conviven en un todo masculino, fuerte, poderoso, imponente. No es porque los modelos sean musculosos o estén tatuados, la estética cruzada que propone Riccardo (totalmente opuesta a la imagen femenina, suave y volátil) hace que estos señores con faldas rosadas sean machos de ley. 

La oscuridad romántica está presente en absolutamente todas sus creaciones. En mujer la elegancia tiene más lugar pero en hombre lo que importa es la calle. Lejos de caer en el cliché del lujo donde la sastrería viste de gala la pasarela, opuesto a la clásica oda a la jeanería, Tisci toma recursos de todos los rubros para dejar su propia marca. ¿Quién hubiera dicho que una casa de la talla de Givenchy estaría vendiendo mochilas con tachas, zapatillas o gorras de béisbol?


También creo que la influencia de Givenchy en el vestir masculino es algo que no deberíamos pasar de largo. Hacer que la ropa urbana sea un ítem de lujo y llevar su etiqueta hasta la vista de adolescentes, agotar buzos por una simple estampa y hacer convivir delicados vestidos de gasa bordados con bermudas cargo es lo mínimo si nos ponemos a pensar que hace poco más de una semana Balenciaga cambió su Director Creativo y eligió a Alexander Wang para hacerse cargo del nuevo rumbo de la empresa. Repito, Tisci cambió el vestir masculino y la concepción de las grandes casas, herencia de los couturiers.
Periodistas, bloggers y diseñadores pusieron el grito en el cielo. Sí, Cristóbal estaría enojado pero el tema acá es que la marca después de tantos años se despersonaliza y hoy las más importantes casas cambiaron su público y forma de vender. También podríamos ponernos a pensar en qué diría Hubert de Givenchy si viera lo que hizo Riccardo con su casa, con su ahora marca.


Al igual que Givenchy, Kenzo llegó a un publico más joven y urbano. Un año después Hedi Slimane volvió al diseño y rejuveneció la imagen de Yves Saint Laurent, quitándole al nombre de la casa la "Y". La extravagancia hoy pasa por otro lado y por otros modos. Por este motivo el nuevo Director Creativo de Balenciaga tiene un estilo más comercial que su antecesor, Nicholas Ghesquière, y que Christopher Kane, rival número uno en esta carrera. Desde mi humilde punto de vista, Tisci tuvo mucho que ver en la designación de Wang en su nuevo puesto.

21 de septiembre de 2012

Anterior pero vigente

Todos los cursitos de periodismo terminan igual: una publicación hipotética. Es la parte que más me gusta, ver qué lleva cada una (digo cada unA porque lo relativo a Moda suele ser en femenino) y cómo lo presenta. Ese es el momento en el que terminás de entender quién es quién, qué lee, qué le gusta y a qué lugar apunta. Lo triste es que es publicación suele terminar archivada en el disco duro hasta que decidís cambiar de computadora.
Hace un ratito, desde el hermoso Almacen de Ramos Generales (un barcito de Ushuaia que me encanta y súper súper súper recomiendo), prendí mi computadora, me senté a escribir un artículo para mis amigos de Visión Invisible y, como suele suceder, mientras investigaba, me crucé con un artículo sobre Kanye West y su aparentemente breve carrera de diseñador. Me acordé del último curso de Periodismo de Moda que hice y de Fearless, mi proyecto final, más precisamente recordé la nota que escribí sobre la primera colección del rapero más tendenciero sobre la faz de la tierra.
No les voy a contar qué fue lo que escribí en ese momento, voy a dejar que lo descubran solos. Solamente me voy a dar lugar a hacer una aclaración: después de muchos años logré respetar y, muchas veces, admirar a aquellos que sin estudiar diseño entran al rubro. Lo que no apruebo es hacerlo irresponsablemente. Hacer ropa no es diseñar, diseñar es una actividad compleja, no hay que menospreciarla.

Stay where you are!

Pocas cosas más intrigantes que los cambios de rubro, sobre todo cuando son innecesarios. 



Hace poco leí un articulo donde decían que en los 80's, “la moda se puso de moda”. Retruco hoy diciendo que es el estilo lo que se puso de moda.
Hay un fenómeno muy divertido e interesante que se fue gestando en estos últimos años y es el culto a la persona, el hacer de uno mismo un producto. Esta forma de marketing, por llamarla de algún modo, se apoya en el estilo supuestamente personal (digo supuestamente porque muchos de estos personajes tienen productores). Lady Gaga, Rick Genest, Anna dello Russo y Pharrell, son algunos de los ejemplos. Cada uno tiene su especialidad, pero todos son algo más ¿Íconos de moda? No, son simplemente personas bien vestidas y diferenciables.
El más interesante es el caso de Kanye West, cantante y productor americano, rapero si se quiere. Salió a la fama en el 2004 con el disco The College Dropout, hasta ese momento se había desempeñado como productor. Lo curioso es cómo de ser un hombre bien vestido, alguien original y con estilo, pasó a ser un amante de la moda, un “ícono”. En el año 2007 la pantalla lo mostraba con los lentes de coolto, los más exclusivos, esos que en vez de tener vidrio tenían hendijas en el plástico, los menos funcionales pero más raros. Año tras año fue incrementando su innovación, trabajó con Takahaski Murakami (el artista que ayudó a Marc Jacobs a renovar la venida a menos imagen de Louis Vuitton), se sentó en la primera fila de todos los desfiles, dio su opinión ante las cámaras y hasta consiguió una novia modelo.
Ahora bien, fue productor, es rappero y, según dijo, “siempre me gustó la moda” ¿Cómo rechazar la propuesta de hacer una colección y desfilarla en el Fashion Week parisino? Gran error, Kanye, gran error.
Si bien fue guiado por diseñadores de renombre y directivos de la Central Saint Martin, el rapero no logró una colección. Prendas separadas, 24 conjuntos faltos de lógica, baja calidad y una silueta variable
Vestidos cortos, vestidos largos, faldas al cuerpo, faldas con volumen en las caderas, tejidos al estilo Herve Leger (elastizados y armados con tiras), cueros, pieles, escotes profundísimos y otros cerrados, mochilas inmensas y pantalones bicolor, brillo, lamé. Todo. La única que brilló por su ausencia fue la lógica, la responsable de organizar una colección. Una paleta que pasa desde los nude hasta el rojo, sin saltearse el azul y el visón, no es de mucha ayuda para el "diseñador".
A la salida, en silencio se retiró Anna Wintour. Las pocas palabras que se escucharon del público fueron de descontento. "Mala confección" fue la reina de la noche

3 de septiembre de 2012

Gabasics #2 - Terry Richardson



Nunca pensé en presentar un fotógrafo que no me gusta como básico. Suena bastante absurdo detestar su estilo y reconocer su genialidad. La cuestión es que Terry Richardson hace fotos feas, fotos planas y, muchas veces, sin gracia. En general los fotógrafos son enaltecidos por la belleza y calidad de sus imágenes, por su parte, el gran Terry decide asesinar, dispara con cámaras de bolsillo y flash blanco a matar. 
Las editoriales de moda hablan de belleza e innovación. No es necesario que los modelos tengan facciones perfectas ni que la ropa les de un brillo de amor inmaculado, lo importante acá es llamar la atención, sorprender y siempre mostrar algo nuevo. Así funciona la Moda en general, el cómo es más importante que el qué y la innovación tiene más relevancia que el contenido. Por eso muchas veces no entiendo cuando la gente habla de fotógrafos de moda si sus imágenes no hablan de la Moda, de sus mecanismos, de sus contenidos Por este motivo digo que Terry no es fotógrafo de Moda, porque en sus producciones no hacen foco en aquella, en ellas lo que menos importa es lo que pasa dentro del cuadro.
Hace unos meses el MALBA presentó la muestra itinerante Bye Bye American Pie. Ahí vi por primera vez el trabajo de Nan Goldin en vivo, nunca le había dado mucha bola, tampoco la había investigado hasta ese momento. Fotos chiquitas y diapositivas, instantáneas de gente común y de gente rara, situaciones que muchos cuentan y pocos viven, los setentas y ochentas en su esplendor. Lo que me interesó de todo esto no fueron las fotos en si, porque la mayoría no se destaca por su técnica ni por su encuadre, lo interesante acá es que la foto empieza antes del click y lo que gusta es eso: la situación que llevó a la foto. Los pies sucios de los tres chicos que toman cerveza en la cama, la pareja sin remeras besándose en el sillón, repito, son instantáneas entonces ¿cómo llega Nan a sacar esas fotos? Eso nos gusta, imaginar la trastienda.
Me costó entender por qué una persona que hace fotos como las de Terry tiene fanáticos a ultranza. Sí, lleva famosos al estudio y los saca de ese lugar clásico de cliché, pero es imposible que esa sea la base de su éxito. Mi teoría fue, durante años, que sus fans lo amaban por sus desnudos, muchos de ellos sin una gota de erotismo (componente fundamental en la Moda). Pero no, después de una tarde en el MALBA entendí por qué lado viene la cosa: lo que fascina de Richardson es lo mismo que gusta de Goldin: el cómo-llegaron-a-eso rige sus obras (la modelo entre las piernas del fotógrafo ¿qué los llevó a esa situación?). Terry y Nan son lo mismo en distintas épocas, él lleva a un extremo pornográfico el erotismo que una vez ella supo comenzar. Richardson habla de fantasía y absurdo, sacándonos una sonrisa y, hasta a veces, carcajadas y eso hace que su trabajo sea admirable.






Fotos de valeria luna, Quite Continental, The Stimuleye, tomo, ice3erg mag

29 de agosto de 2012

Arts & Punks


Como se habrán dado cuenta, no soy muy fan de contar o mostrar mi vida privada acá (para eso está Facebook). Pero un par de lectoras querían ver algunas cosas que me compré en Londres, lo cual me parece una excusa perfecta para contarles un cuentito lindo.
Como todo el resto de las personas, tengo alguna que otra debilidad. Me gustan las fotos de animales bebes haciendo cosas raras, todo lo que se relacione con el hip hop y los libros de moda, pero lo que más me puede son esos objetos que con tan solo verlos podemos leer una historia, esas cosas que al ser observadas dejan ver más allá de su materialidad y su forma. Por eso me enamoré de los lentes de Oliver Goldsmith (que en realidad llevan el nombre de su nieta y diseñadora actual, Claire). Sí, el diseño es impecable pero lo que me obligó prácticamente a llevarlos fue ese medio siglo de personajes y anécdotas que tienen por detrás.
Unos meses antes de mi partida, cuando todavía no estaba enterada del viaje, en mi recorrida virtual diaria me crucé con la última colaboración de Dr. Martens: una colección cápsula de cuatro borcegos, cuatro zapatos y cuatro morrales diseñador por Liberty. Liberty, flores, florcitas, pensé. Indefectiblemente los doce productos son una fiesta de capullos, pétalos y pajaritos. Me picó el bicho de la intriga y empecé a investigar un poco más esta casa que desconocía totalmente (mala mía).
Resultar ser que Liberty es una tienda tan tradicional como Harrods pero un par de décadas más joven (abrió en 1875). En el corazón del Central London, su edificio es una postal típica de la ciudad del Támesis: blanco con listones de madera negra y una marquesina, también de madera, con el nombre de la tienda en una tipografía fina y delicada, un gigante estilo Tudor y tradicional. Rodeada por calles angostas y peatonales, la construcción toma presencia vista desde enfrente, pero solo hace falta subir unos escalones y cruzar esas puertas de madera para disfrutar y entender el espíritu Liberty. Habitaciones floreadas, camisas y pañuelos floreados, perfume dulzón floral, cuadernos con flores, tazas con flores, libros de flores, flores. Que haya habitaciones no es algo menor, el serñor Arthur Lasenby Liberty, fundador del lugar, decidió y requirió que el espacio estuviese dividido en cuartos para que los clientes se sintieran en casa al recorrerlo.

Por si todo este sustento arquitectónico los deja con hambre: Mr. Liberty fue propulsor del Art Nouveau y del Arts & Crafts londinense, así fue que las estampas florales se convirtieron en la insignia de la boutique. Para que se den una idea del peso de este lugar, en Italia el Art Nouveau fue llamado Stile Liberty (sin ir tan lejos ¿qué nombre le damos a las estampas de flores chiquititas?). Entre los protegidos estaba William Morris creador del hermoso Strawberry Thief, un motivo con pájaros, flores y plantas que hoy se puede encontrar en el V&A Museum y en los pies de aquellos que hayan comprado los Dr Martens (dato: lo terminó en 1883).

Entrar a Liberty, mirar los cuadernos de Paul Smith al lado de Susie Bubble, agarrar tacitas de porcelana que bien podrían ser obras de Mucha y escuchar a Oscar Wilde diciendome "Liberty es la tienda elegida del cliente artístico" no me dejó opciones: cuenta mental, me alcanza la plata, me llevo aquellos.

La estampa no es de Morris, se llama Martens Flower, es una re interpretación de un motivo diseñado por Silver Studio para Liberty en 1930





Fotos por mi hermana y Wikipedia

20 de agosto de 2012

Ray Petri y el McQueen original



A mi me enseñaron que no se empieza una nota con un "no". Siempre hay que encontrar otra forma de expresar las cosas negativas. Pero a veces el no es necesario: no me gusta la palabra tendencia. Tiene tantos significados como personas hay en el mundo y en general está mal usada. Todo es tendencia; si un blogger lo dice, es tendencia; si algo se repite, es tendencia.
El martes pasado mi amiga Flora compartió un post de The Modistas donde la autora, Marou, proponía el término sport to wear. Me pareció interesante, no decía que esta mezcla de ropa deportiva con prêt-á-porter era una tendencia pero sí lo insinuaba (cada día hay más gente combinando gorras de béisbol con blazers sastreros o tacos con joggings). Hará un año atrás tuve que hacer un trabajo para un curso, una revista, mi editorial funcionaba de manifiesto. Ahí di mi opinión sobre la influencia de las ciudades en el vestir, lo que la escritora llamó sport to wear para mi es estilo urbano y habla de nuestras costumbres y necesidades. La ciudad y el vestir tienen una relación íntima, se interdeterminan: los tacos y el subte no son del todo amigos, los días citadinos son largos y complejos, requieren ropa acorde a la rutina que el contexto impone.
Al margen de mi manifiesto, hace un par de días y casi por casualidad fui al Museo de la Moda de Bath, una ciudad inglesa fundada originalmente por los romanos (es tan chica que yo más que ciudad le diría pueblo). Si bien el museo es bastante chico y su colección me pareció un poco escueta, la segunda sala, ubicada en un sótano con luz blanca y un poco de humedad, es dueña de una muestra temporaria que trata la relación de la moda y el deporte a lo largo de la historia. Además de una campera dorada de Stella McCartney (preciosa), trajes de equitación de principios de siglo, equipos de fútbol actuales y un catsuit futurista de Pam Hogg, había dos paredes dedicadas a la Buffalo Image, imágen y colectivo artístico creados por Ray Petri en la década del 80. Esas dos paredes hicieron valer las £12 que costó la entrada (más que el vestido de Alexander McQueen que encontré al entrar a la tercera sala).


¿Dos paredes con un par de fotos y algunas palabras valen más que un McQueen original? ¿Pero esta chica está loca? No, no estoy loca pero descubrir el trabajo de Petri y sus colegas (fotógrafos, maquilladores, modelos y diseñadores) fue mucho más importante que ver en vivo un vestido que ya vi en libros, videos y sitios web, un vestido que puede ser hermoso y original pero no plantea nada nuevo en el mundo de la Moda. Ray Petri gestó la estética de los 90s y quebró la barrera que separaba la calle de las pasarelas.
La influencia de este controvertido personaje se separa en dos áreas: producción de moda y modelaje. Primero hablemos de los modelos, un tema que para muchos es poco interesante y superficial. El escocés en cuestión abrió las pasarelas y las editoriales a todas las etnias y todos los colores (él descubrió a Naomi Campbell). La elección dependía más de la actitud que del aspecto, de hecho entre su equipo de mannequins había bad boys jamaiquinos y nativos americanos. Entonces esta supuesta tendencia de los modelos reales no es cosa nueva, Yamamoto no fue el primero tampoco lo fue Grupo 134; esto empezó en la década del 80.



Ahora bien: producción de moda, editoriales. Petri era productor cuando todavía no existía esta profesión, fue de los primeros que, en vez de fotografiar la ropa tal cual salía del local, elegían mostrar un look, modificaba las prendas a su gusto para llegar a esa imagen que él buscaba. Quería mangas largas: las cortaba y las volvía a unir con alfileres de gancho para que los puños se vieran por debajo del saco.
En los 80s recién empezaba a surgir el look deportivo como ropa de calle, ahí empezó el jolgorio de las zapatillas (agradezcamosle a los raperos, a los basketbolistas y a adidas), pero esto no quiere decir que el sport se combinase con el prêt-á-porter. Petri metió mano y sus editoriales de The Face empezaron a mostrar hombres con boxers, chalecos sastreros, trench coats y zapatos con medias altas (todo a la vez), gorros de ski con sobretodos, camisas de jean y gemelos, las canilleras se convirtieron en accesorios y lentamente la ropa interior comenzó a ser exterior. Como si haber jugado el papel de licuadora de estilos fuese poco, fue más allá: hombres con pollera. Empezó con un kilt y terminó con una falda larga y blazer de dos botones, sin remera.
Ray Petri murió en el '89 a los 41 años. Su muerte temprana no lo dejó llegar a la fama pero Buffalo, su equipo, su imagen, sentó las bases de los que sería la moda hasta el día de hoy, trascendió la tendencia y llegó a lo que muchos quieren y pocos pueden: el estilo. Por eso el sport to wear habla más de un estilo que de una tendencia, de algo con fecha de vencimiento, porque habla de Ray Petri.








 Neneh Cherry, parte de Buffalo, inmortalizó al grupo dedicandole un tema

14 de agosto de 2012

El espejo y el mundo


Como ya saben acabo de volver de Londres (hola, volví). Viajar es una de las actividades más educativas y constructivas de la vida, hablar en otro idioma es lo de menos: lo que importa es poder percibir las distintas culturas, los diferentes usos, modos, códigos. Considero que donde más aprendí de Moda (con M mayúscula) fue en cada uno de mis viajes. El simple hecho de salir a la calle y ver cómo se viste la gente en cada ciudad me hizo aprender. En Marrakech pude entender el poder de la globalización al ver musulmanas en jeans y velo en el medio de la ciudad vieja o Medina, cuando hacía solo un par de horas había visto por primera vez, en el desierto, a una señorita cuya burka le descubría un único ojo. En Israel pude entender el poder que la guerra y la militarización tienen sobre la gente, alcanzan la estética personal. Esta vez me tocó volver a Londres, una de mis ciudades preferidas, una ciudad que creí no tenía un patrón estético, una ciudad donde la elegancia es casi despreciable, una ciudad donde creía cada uno tiene su estilo y su estilo es personal.
La primera vez que fui a Londres era bastante chica. Fui sola a los 17 años. Era el año de los chalecos de piel de colores (piel sintética por supuesto) sobre camperas jean. Estaba fascinada, miraba para todos lados, la gente se vestía increíblemente bien y no le importaba absolutamente nada. Las pasarelas de Buenos Aires estaban a años luz del subte británico. Yo miraba, miraba vidrieras, miraba museos, miraba a la gente. Una noche en el subte casi vacío, yo y mi nube de fascinación nos quedamos observando las medias a rayas de colores de una chica, la escrutamos durante un rato largo. Cuando llegó mi estación me bajé, la chica también. Ese día aprendí un código y entendí por qué allá se visten así: con cara y actitud de pocos amigos, ella se acercó y me preguntó con un tono que daba bastante miedo "¿Qué me mirás?", me quedé helada. Un mes más tarde volví a Buenos Aires y mi tío me contó que cuando él estaba en Estados Unidos se quedó mirando a una señora, ella, muy prolija y educadamente le dijo "You don't stare at people" (no te quedes mirando fijo a la gente). En Argentina el espejo son los ojos del resto, en otros países el espejo es uno mismo. Por eso allá (casi que) no hay transgresión, porque hay menos reglas.

Les dejo algunas fotos del viaje. Agradecimientos especiales a mi hermana que se lleva la autoría de casi todas.

Escultura de Yayoi Kusama en la vidriera de Louis Vuitton (FYI: Yayoi acaba de hacer una colaboración con LV)













5 de agosto de 2012

Tradición y vanguardia



Parece que para ser blogger hay que usar (no abusar) de la primera persona. Esto no se debe tanto al egocentrismo ni al culto a la persona, sino más bien a que algunas experiencias personales merecen ser contadas. Este es el caso de lo que les voy a comentar hoy.
Hace unos meses me recetaron anteojos para las actividades de enfoque, es decir, para todo: leer, escribir, coser y dibujar, todo. Como buena fanática de los accesorios, me puse feliz y salí en busca del marco de mis sueños. Vintage, nuevo, viejo, color, negro, todas eran opciones, y como caminar es algo que disfruto, pasé por todas las tiendas que encontré. Así fue que descubrí a las chicas de La Fille aux Lunettes, una tienda online (están en Facebook nomás pero también tienen showroom) llena de marcos vintage y sin uso de marcas de primerísima linea, entre ellas Chanel, Marni y Gianfranco Ferré.
Después de la recorrida general, decidí que la relación precio-diseño no era apta para mí, de modo que, sabiendo que en unas semanas me iba de viaje, agarré un marco viejo que tenía en casa y le puse aumento.
En Londres tampoco fue fácil, las megaópticas me dan vértigo estético y las pequeñas tiendas de diseñadores no querían mostrarse. Pero una de esas fantásticas y hermosas casualidades me llevó a la puerta de Oliver Goldsmith, una tienda de familia (aunque su ambientación no lo insinúe) con más de cinco décadas de antigüedad y tres generaciones en su haber.
El local está en una calle tranquila del barrio de Notting Hill. La vidriera no es ostentosa pero sí llamativa. En el interior las paredes están empapeladas con polaroids de gente usando gafas OG, los lentes descansan en una estantería tipo grilla blanca, impecable, cada par en un rectángulo. Me atendió el marido de la dueña, nieta de Oliver, el fundador de la marca, quien además de dejarme poner y sacar modelos de la estantería, empezó a abrir y cerrar cajones con marcos que le parecían me iban a gustar y quedar bien.


El material que más trabajan en el piso de arriba (en unos párrafos les cuento qué pasa abajo) es la pasta, es decir, el típico lente de marco plástico que se usa por estos días. Cuando digo el típico hablo de la materia prima porque sus modelos de clásicos tienen muy poco. Como me dijo quien me atendió, el diseño sale de algun modelo de los 60s al cual se le modifican ciertos detalles para hacerlo más actual, se cambia el color, el corte o el tamaño. Calculo se preguntarán por qué la década del 60: el señor Goldsmith no fue un creador X, hace cincuenta años él tuvo el agrado de cubrir y cuidar los ojos de estrellas de la talla de Audrey Hepburn, Michael Caine y Grace Kelly y, como si fuera poco, diseñó piezas para desfiles de Vidal Sassoon (el peluquero que falleció a comienzos de este año), Givenchy y Dior. Es decir, Mr. Goldsmith era un peso pesado del diseño.

Esta pieza fue diseñada especialmente para un desfile de Vidal Sassoon

Si bien quedé fascinada (al igual que toda mi familia) con las gafas del primer piso, más aún con el detalle de las patillas biseladas, cuando me comentaron que en el piso de abajo estaba la sección bespoke o hecho a medida, aplaudí de la alegría. Con tan solo bajar quince escalones la atmósfera dio un giro de 180 grados. Las polaroids a color de hipsters con bigote se vieron sustituidas por un collage de cientos de fotos de revistas en blanco y negro, donde se veían modelos y artistas usando las gafas de esta tradicional y vanguardista tienda inglesa. Una pared era diferente, una gigantografía de Oliver G. con sus hijos, los tres vestidos de traje blanco con corbata oscura sonreían a la cámara rodeados de sus creaciones; a los lados de esta fotografía había lentes dispuestos uno encima del otro, todos modelos originales de los 60s.



Mientras paseábamos por el subsuelo, nuestro guía nos comentó que algunos de esos marcos sirvieron de modelo para unas gafas que le hicieron especialmente a Lady Gaga, para sorpresa de nadie estos dos modelos irreproducibles fueron hechos a mano, uno estaba bañado en cristales Swarovsky, repito A MANO, y el otro forrado en una seda pintada a mano con aspecto de encaje.
Cuando estaba por subir nuevamente la escalera vimos un maletín de cuero, ahí sucede la magia bespoke. Al abrirlo el lugar pareció convertirse en una clásica sastrería inglesa: color de cristal, con o sin espejado, con o sin degradé, color y motivo del marco, tamaño del tabique (esto implica que el lente calza tan bien como un blazer hecho a medida) y tipo de patillas, todas las opciones para que los anteojos, además de sentar bien, sean realmente personales y casi irrepetibles.



Oliver Goldsmith es una casa con décadas de innovación en su haber, describir su tienda como un lugar de tradición equivaldría a cortarle una pata a una mesa. La creatividad y la irreverencia se juntaron con calidad para hacer de esta casa una tradición inglesa de vanguardia.

22 de julio de 2012

La esencia es la experiencia

Entrar a Internet significa estar dispuesto a vivir experiencias nuevas. Y cuando digo experiencias nuevas no hablo de conocer el amor por primera vez o animarse a abrir nuestra intimidad a desconocidos, este entorno se trata de nuevas experiencias de uso. Internet implica cambiar nuestra forma de comunicar, de adaptarla a cada medio que usemos, es explotar al máximo todas las herramientas que la pantalla, la viralidad y la sociabilidad nos ofrecen. Por eso no entiendo cuando algunas personas buscan pasar los modos 1.0 a 2.0.
Para hacer una revista online no es necesario crear una imagen con páginas de papel virtual que hay que dar vuelta cada vez que se termina un artículo. Tampoco es necesario que un e-commerce use la vidriera como método de ventas. Estoy hablando de mi más reciente descubrimiento (perdón pero a veces llego tarde a las noticias): Imagine Fashion. Esta nuevo y celebrada plataforma virtual no se ocupa de la venta, simplemente muestra la vidriera y redirige al sitio que ofrece el producto. Es una especie de shopping online. Sin embargo, a mi parecer, está mal llevado a cabo: hacer del window shopping una herramienta es retroceder innumerable cantidad de casilleros, la tecnología ofrece mejores opciones, el tema es entender el proceso de compra, entender qué es comprar, qué es lo que gusta de comprar.
Una revista puede ser online, el tema es la calidad y tipo de información, la periodicidad y la calidad de imagen. La revista se hace con textos e imagenes, no con hojas. Lo mismo pasa cuando una persona compra ropa, consume un mundo, una marca, en este proceso la vidriera es un accesorio otra de las formas de persuadir al comprador. Entonces, a la hora de armar una web de ventas de lujo (porque el lujo es la insignia de iF) para evitar reproducir los métodos que ya conocemos la pregunta sería: ¿qué es el lujo en la web? ¿Qué consume nuestra potencial clienta?
Revolucionar la Internet no es digitalizar la realidad. Traducir experiencias de uso es la esencia del asunto.

17 de julio de 2012

Análisis e historia


Hola, Lectores y Lectoras. Hoy les voy a hablar en primera persona, no porque quiera dar una opinión personal ni mucho menos, básicamente les voy a contar una historia personal que, espero, los haga tan felices como a mí.
Para los que no me conozcan del todo me presento un poquito: soy Gaba, una pronta-a-recibirse-Diseñadora de Indumentaria. "¿Pero qué hace escribiendo entonces?", la verdad es que nunca me hice esa pregunta, fue algo bastante natural, en un momento me di cuenta de que me sentía más cómoda con la pluma que con la aguja. No me fue difícil empezar a escribir, lo difícil fue darme cuenta de qué era lo que quería hacer con la escritura: hobby o carrera. Ante esta disyuntiva le di una fría bienvenida a la famosa crisis vocacional.
La crisis es algo que se transita, se vive, viene es para quedarse con nosotros un rato. Las horas de reflexión frente a la computadora y a la máquina de coser se fueron intercalando con cursos. Cursos que dejaron de girar en torno a la costura y el dibujo y empezaron a versar más sobre la historia y el periodismo. Mientras lloraba porque no entendía qué quería hacer de mi vida (cursaba una carrera que me llevaba hasta el hastío a la vez que añoraba sentarme frente al teclado a teorizar), mi profesión se iba cristalizando sola. 
Unos meses, un año después de la primera pregunta noté que mi objetivo era escribir e investigar. En la facultad me encargaba de la redacción y el relevamiento de los trabajos grupales mientras buscaba las materias teóricas con contenidos acordes a mi decisión (que no es tan decisión, es más bien un abrir los ojos).  Pero con "elegir" no hacía mucho. Segunda etapa de la crisis vocacional: quién va a querer a una diseñadora en su medio. Señoras y señores, después de lágrimas, sudor, mails sin responder y mails con respuestas negativas, puedo decir que he conseguido entrar al mundo de los medios. Todo comenzó con un trabajo a distancia para un portal portorriqueño, Ambiente Femenino, hace un par de meses y siguió, muy felizmente, con el comienzo de mi colaboración en La Nación, más precisamente Ohlalá.
Esa es mi noticia feliz. Obviamente no me estoy despidiendo, voy a seguir escribiendo con la misma frecuencia de antes (capaz que me pongo las pilas y posteo un poco más, quién dice).  En breve sabrán más de las aventura de Gaba en los medios. Ante todo, un placer ser leída por todos ustedes.


Para hacer de este post algo un poco más divertido y menos egocéntrico, les dejo dos videos relativamente nuevos (digo relativamente porque en los tiempos de la Internet las cosas son nuevas por un par de horas). Los elegí porque ambos son de productos de belleza y, a su vez, están animados.
El protagonismo de Karl Lagerfeld en el anuncio de su colaboración con Shu Uemura afirma que hoy  la moda es un negocio que gira en torno a las personalidades (atención, no a las personas). El maquillaje no aparece más que ilustrado, insinuado, y como plus está la imagen del Kaiser. El protagonista no es el producto de belleza, lo que importa acá es la identificación de la marca y de la persona, la colaboración se prende como chinche de estas dos y el comercial no se vale de la creación, sino de quién la hizo.

Por otro lado está Guerlain, la publicidad es de un perfume, en este caso está más justificada la animación, serían bastante magos si lograran mostrarnos la esencia del perfume por YouTube. Lo que vemos en este video son dos cosas: primero que nada, la animación está de moda y segundo, el valor del perfume es lo clásico. Si bien no hay atisbos de olores (no imágenes de flores, de frutas ni de especias) sabemos qué esperar: un clásico con pocas sorpresas, dulce probablemente. Sí, en un par de imágenes podemos descifrar (o algo así) el olor de "La Petite Robe Noire": en el video tampoco hay sorpresas, una chica en París se prueba vestidos negros, recorre los lugares turísticos de la Ciudad de las Luces y, obviamente, al final se lleva al chico que le gusta. Elegancia, sensualidad y un poco de perspicacia femenina musicalizada con un tema divertido de Nancy Sinatra. Que los colores sean rosa y negro no es algo casual, más allá del nombre del perfume, el negro es un clásico de la elegancia y el rosa es el color de las chicas, se sabe.


3 de julio de 2012

La excepción a la regla

No estoy a favor de cubrir desfiles a distancia. Criticar una colección interpretando fotogramas me parece poco sincero, engañoso tal vez. Un vestido fotografiado, un meta-vestido, se presta a la confusión. La indumentaria se diseña con  el tacto y el ojo en el detalle, así debe ser apreciada. Todas las elecciones y decisiones tienen peso por sí mismas en el todo, cada costura pesa, cada tela pesa, cada pinza y volado pesan. Por eso decido no reportar desfiles seriamente si no estuve sentada cerca de la pasarela (sí comento entre amigos, por supuesto), por respeto al Diseñador.
Pero el ayer, Lunes 2 de julio, Raf Simmons mostró su primera colección de Alta Costura en Dior y creo que eso sí merece ser contado. Durante la Era Galliano, esta tradicional casa navegó por las aguas del pasado: años rememorando la década del 50, la cintura del 50 con los hombros y las faldas de los 50s, algún textil más actual se mezclaba en algunos casos, en otro la piel salía a la luz, pero lo único que se mostraba era la silueta del 50. La impronta siempre fue la misma. Mil y una veces volvía a pasar lo mismo: lindas piezas pero nada nuevo para decir, la innovación no entraba en el diccionario de John, la nostalgia por un pasado mejor era su insignia.
Después del repentino despido y la crisis por el heredero del trono apareció Raf, el minimalista, quien, al lado de Galliano El Barroco, parecía un espejismo. Tras semejante tropezon dudo que la marca estuviese lista para jugar con fuego y empezar a probar distintos diseñadores en sus más altos cargos. Si eligieron a Simmons es porque sabían que lo necesitaban.  Desde la muerte de McQueen vemos cómo las marcas cambian de creadores como una serpiente muda su piel, esto solo significa una cosa: llegó la nueva era del diseño. Dior pedía a gritos una lavada de cara. Y así fue.
El Dior de los peplos, cinturas avispadas y faldas evasé estuvo presente pero el podio se lo llevó el minimalismo Simmoniano. Las caderas de curvas profundas y los bustiers en punta contrastaron con los colores flúo y las estampas abstractas de alta calidad. En los vestidos largos, al cuerpo casi sin pinzas visibles, la simpleza del corte es maquillada con algunas piedras bordadas sobre la seda que los sostiene. Solapas gruesas y campanas impolutas se combinan en tailleurs; nuevamente la forma se impone y les gana a la textura y al color. En una colección tan vasta es complicado hablar de qué conjunto sucedió a cuál, lo importante es el conjunto, en este caso un equilibrio absoluto entre la tradición y la innovación.
El mérito de Raf Simmons es haber hecho una linda colección, sino haber hecho de Dior una casa actual y contemporanea sin dejar su fuerte identidad historica y morfologica en el olvido.


23 de mayo de 2012

NS/NC

La verdad es que siempre quise hacer de este blog un lugar para la reflexión, un lugar donde poder separar las modas de la Moda, un lugar donde mostrar por qué la Moda es relevante en el día a día y en la historia. Pero a veces se me complica con el tiempo o pasan otras cosas que me impiden sentarme a investigar y luego escribir (no me interesa vender humo).
No, no voy a cerrar el blog. Pero le voy a dar un nuevo rumbo, un rumbo mixto para llamarlo de algún modo.
El tema es que hace mucho tiempo la gente me contacta para saber dónde comprar X cosa o para que les pase mis fuentes, algunos quieren informarse sobre tendencia y, aparentemente, soy su referente. Mi decisión es hacerlo más simple, cada vez que me pregunten dónde comprar un traje o dónde encontrar un vestido de fiesta, los voy a mandar a mi blog. Bajo ningún punto de vista voy a hacer de este espacio una guia de compras, sin embargo los voy a guiar en su proceso de vestido.
Todos saben mi opinión acerca del acto del vestir: el aspecto personal comunica. Cualquier persona que los vea va a leer su ropa antes de escuchar sus opiniones, su forma de razonar, de modo que el estar cómodo, el representarse a través de la tela es de suma importancia. Heme aquí, los voy a ayudar a lograr esto y muchas otras cosas (así de genial me creo aparentemente).
Tampoco se crean que voy a dejar de postear sobre otras cosas, por algo dije que va a ser mixto. Vamos de a poco y la cosa se ira perfilando hacia algún lugar divertido y, por sobre todo, interesante.

29 de marzo de 2012

La fiesta frustrada

Hace ya una semana los diseñadores australianos están de luto. El jueves 22 de marzo se sancionó la Ley que prohibe la condición de contratista en el rubro textil, lo que implica que ya no será posible ejercer un oficio desde casa y, en el caso de conseguir trabajo, los modelistas, modistas, estampadores, costureras, planchadores y sí, también diseñadores, deberán ser tomados como empleados. Si bien esto podría ser motivo de fiesta, para Australia es una tragedia.
Bajo el nombre de Save the Australian Fashion Industry un grupo de diseñadores, periodistas y afines al sector se propone anular la nueva ley que podría destruir esta relativamente joven industria. Comenzaron su acción en Facebook y rápidamente lograron llegar a la prensa, haciendo fuerte y claro su reclamo: Salvemos la Industria de la Moda Australiana. Su argumento es más que comprensible, los costos que involucrará el nuevo sistema harán que las grandes marcas se vayan y las pequeñas firmas no puedan seguir. O peor aún, los diseñadores jóvenes no podrán siquiera empezar.
Teniendo en cuenta que, desde el momento, para confeccionar una pequeña serie de prendas será necesario tener empleados de medio tiempo con contratos permanentes y 20 horas semanales de trabajo garantizado, es fácil comprender la queja del sector. Alguien que está arrancando con una marca no tiene tal nivel de producción, no habrá posibilidad de materializar sus figurines. Esto sumado a la ilegalidad de ser diseñador freelance aclara el motivo de desesperación que se ve en las redes sociales.
Los contratistas tampoco están contentos, muchos argumentan que al tener una familia prefieren trabajar desde casa y otros se preocupan porque las grandes marcas ya trasladaron su base de operaciones a China (donde la paga por hora es de apenas U$D2) y, al ser ilegal tomar trabajos en casa, no saben cuándo volverán a trabajar.
No hay que equivocarse, los diseñadores aceptan que el Fair Work Amendment es un acto de buena fe, sin embargo, dicen, fue un poco apresurado y causará pérdidas y el cierre de muchas marcas nacionales. 
El argumento central para aprobar esta enmienda fue la comparación entre la paga por hora china y la australiana (U$D3-4). A lo que los diseñadores respondieron con una pregunta: si esos fueran los costos, ¿Por qué el 93% de la industria produce en China?.
Muchos querrán saber ahora por qué creadores de pequeña y mediana talla como Dion Lee o Josh Goot no envían su producción a China. Simple, necesitan estar presentes cuando se confecciona la prenda, este proceso tiene que estar supervisado por su ideador y dueño, el único que conoce el resultado pretendido. Lo poco que pueden enviar fuera de la isla son sus líneas económicas, morfológicamente más simples. 
Si bien esta situación parece bastante desafortunada, la industria de creativos siempre encuentra soluciones. Tal vez los australianos se hallan en el modelo de cooperativas o tal vez encuentran un mejor sistema, justo y útil para todos. Por el momento esperamos que el diseño australiano siga transitando aquel camino que, hasta el momento, embellece y revoluciona percheros.

18 de marzo de 2012

La unión hace la fuerza

Proyecto Cuadrilla y su primera vez en la BAF Week

Uno, dos, tres… Siete modelos. Mientras el público espera al octavo, la luz baja acompañada por la música en el desfile Otoño-Invierno '12 de Proyecto Cuadrilla y, para algunos, reina la confusión. ¿Ya terminó? ¿Una colección de ocho conjuntos? Antes de poder responder, la iluminación y la música vuelven a ser las de antes. Siete chicas salen a la pasarela, otra pausa y siete chicos más pasan por ese camino blanco, tres veces se repite la misma secuencia de cortes y pasadas. Un total de seis cambios de lenguaje constructivo, seis paletas diferentes y ocho diseñadores distintos. Eso es esta innovadora agrupación, un rompecabezas de estilos que no buscan amalgamarse.
Proyecto Cuadrilla nació como respuesta a una dificultad: para un diseñador joven entrar al circuito de ventas es algo complicado. Tener local propio, armar desfiles, comprar materias primas a buenos precios y moverlas suele ser un dolor de cabeza y de bolsillo, sobre todo cuando las colecciones son relativamente pequeñas. Sabiendo esto y habiendo conocido un grupo de gente que estaba en su misma situación, los creadores de Ladrón de Guevara, deSastrería, Li.Torres, Decrisci, Urenko y Fernando More decidieron juntar fuerzas y compartir ciertas decisiones y contactos. Participar en la BAF, tener un local en común y hacer compras en conjunto son solo algunos beneficios que esta sociedad les trajo por el momento.

El equipo de Proyecto Cuadrilla

Volviendo al desfile, el primero en salir fue Ladrón de Guevara con una colección masculina: sastrería deconstruida, superposición de chalecos, sweaters largos, lineas verticales y horizontales en rojos y azules que contrastan con los tonos neutros y claros del resto de las prendas. La CPU a modo de mochila dejó más que claro el nombre de la colección, Dicotomía, mediante una metáfora sobre cómo viajaba la información ayer y cómo lo hace hoy. 

Ladrón de Guevara

Corte. Turno de deSASTRERÍA. Con dejos del lenguaje característico de la FADU, este duo presentó vestidos, faldas y tailleurs con detalles sastreros como solapas en el escote trasero de blusas, ojales que recorren las prendas, puños y cuellos que hacen las veces bretel. Plisado y gasas se mezclan en una colección de tejidos rígidos dejando un tinte de femineidad y delicadeza.

deSASTERÍA

Baja la luz y segundos después sale el primer conjunto de Fernando More. Si bien la sastrería sigue presente (es imposible evitar la tendencia), esta vez hablamos de otras épocas, otra inspiración, otra confección y otro porte. Un diálogo entre el ayer y el hoy. Los torsos semi desnudos se cruzan con capuchas y pecheras, cuellos opresivos en tonos neutros (negro, gris y blanco) y chalecos con botonaduras interminables dejan ver camisas con delicadas estampas.

Fernando More

Con aires a Rick Owens se abre la pasarela para el duo Urenko. Una colección oscura, oversized, mixta y variada que deja ver una linea muy marcada estilísticamente hablando. Las camperas de cuero se mezclan con enormes abrigos de punto en un juego de superposiciones: bermudas de vinilo para hombre sobre calzas de punto abierto (casi parecen rasgadas) y chaquetas femeninas que dejan ver las larguísimas mangas del sweater que se extiende sobre pantalones híper anchos.

Urenko

Con una paleta prácticamente acromática de blanco, negro, gris y algún azul, el quinto grupo es Li.Torres. Pantalones ababuchados acompañados por sombreros y pasamontañas en la cabeza, hacen pensar en el gaucho del futuro, inmaculado y prolijo. Con una moldería geométrica y compleja y una profusión de diagonales, logran descontracturar la colección el teñido en degradé, sin dejar de lado la masculinidad.

Li.Torres 

Y para cerrar el desfile, Decrisci y su proliferación de símbolos argentinos (remeras con inscripciones del 10, la firma del Diego y cumbia de fondo) mezclados con símbolos árabes en una colección mixta. Faldas para hombre, tablas, bermudas sobre pantalones, plástico transparente y muchas lentejuelas. A juzgar por los velos y la caracterización, Eduardo parecería haberse inspirado en la cultura bereber, tal cual lo hizo Riccardo Tisci unos años atrás. 

Decrisci


Tras el último apagón y el saludo eufórico de los ocho diseñadores, el público se retira alegre y en la sala vacía se percibe una certeza: si esto es el comienzo, lo que se viene es muy bueno.
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